El tema de hoy es: ¿El que reza y peca, empata?

REZANDO 3

El tema de hoy es: ¿El que reza y peca, empata?

    El dicho popular dice: “El que reza y peca, empata”. Y yo digo: No hay que ser ilusos pensando que se puede compensar una cosa con otra, porque esas; son dos cuentas bien  distintas, que se suman diferente, se valoran igualmente diferente y al final, se reciben premios o castigos, todo esto, según la doctrina, porque pruebas de que existan premios y castigos, jamás se nos  han dado y

en el supuesto que pudiéramos confirmar que:El que reza y peca, empata, todavía no conocemos el valor de las cosas, quiero decir; de los pecados y de los rezos, y los doctores de la santa madre iglesia, no se han pronunciado al respecto, no sé si  por falta de conocimientos o por malicia, lo que está claro es que en este tema, nos faltan elementos de juicio para poder evaluar y emitir un veredicto que nos satisfaga cabalmente y no que nos dé una pequeña satisfacción o una satisfacción a medias, para tener todos los elementos que nos lleven a acatar o  a rechazar la doctrina, estando seguros de que: El que reza y peca, empata o en el caso contrario de que rezando y pecando no quedemos en tablas; porque el asunto está más allá de toda comprensión humana, y las matemáticas  nada tengan que ver en la porfía; quedando liberados  del aliciente del premio y del temor del castigo, empecemos a vigilar nuestros actos con responsabilidad, sin presiones ni ideas engañosas y  preconcebidas, buscando ser mejores personas .

  Y… Si al final de cuentas y   por encima de todo razonamiento resultara que: El que reza y peca, sí empata. Estaríamos ante el símbolo de la impunidad porque sería muy  fácil eludir la responsabilidad, solo con que hiciéramos el daño y a continuación nos sintiéramos arrepentidos, pues ni tan siquiera sería necesario estar arrepentidos de corazón, ya la sola intención bastaría para hacer borrón y seguir haciendo lo que más nos gusta, sin tener que pagar por ello y así hasta el fin de los días. Esa sería la ventaja de acogernos a la ley del que: Reza y peca.

 Continuando con este razonamiento, me pregunto: ¿Cuánto vale un pecado, cuánto un rezo? ¿Qué suma más en la cuenta de las deudas; un pecado mortal o una sarta de pecados veniales?; porque, pienso yo; si se hace la evaluación considerando el volumen, los pecados veniales salen ganando sin ninguna duda. Por el contrario, si la tal evaluación se hace por peso, de acuerdo a lo que hemos aprendido desde niños, muy posible es que un solo pecado mortal, arrastre por la pendiente a los pecados veniales y los sepulte en el precipicio bajo su descomunal peso  y quede así demostrado que los pecados mortales, aún uno solo tienen más peso ante los jueces celestiales  que una masa ingente de pecados veniales.

 Ahora bien, continuando metido en este galimatías, toca dirimir la segunda parte de la ecuación. El rezo.  Y Si, rezando, nos podemos saltar las curvas del camino e ir por terreno llano, —ante ese supuesto— ha de ser que el rezo es artículo de valor probado o existe trampa a la hora de evaluarlo. Pero…¿cuántos padrenuestros, aves marías, salves, rosarios, novenas, comuniones, ayunos o “indulgencias plenarias”, son necesarios para alcanzar ese salvoconducto que nos permita ir por la vida como si fuéramos los dueños del mundo y estuviéramos exentos de pagar peajes y evitar controles policiales en la ruta de la vida, y tener asegurado un palco en la gloria celestial, según la doctrina por supuesto? ¿Y más aún, cuántos pecadillos o pecados se nos conceden de gracia, para…protegidos por esa gracia divina, estar exentos de castigo ante una eventual comparecencia en el tribunal de  culpas?

   Ya para terminar, me voy a olvidar de rezos y pecados y voy a hablar de errores que son –de acuerdo con mi creencia personal— las faltas que cometemos los seres humanos y los errores, como tal son susceptibles de enmienda, para hablar de forma más terrenal —aunque encierre una paradoja— de las cosas que atañen a Dios y al espíritu de los hombres y seguros de que:  Los errores se pueden enmendar, porque siendo el error, una parte del mundo material del ser humano, no poderlo enmendar; sería una condena a cadena perpetua o a pena de muerte, algo que Dios no puede contemplar dentro de  su omnipotencia y su gran amor por lo que creó, para que le de satisfacciones y no para ser sentenciado sin apelación y sin remedio a la pena máxima o ser aniquilado y de  paso sentirse derrotado por no haber sabido crear y por eso mismo, haber tenido que levantar su mano contra  su creación lo que equivaldría a hacerlo contra Sí Mismo.

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