El tema de hoy es: Todos militamos en un bando

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El tema de hoy es todos pertenecemos a un bando

Empiezo este artículo diciendo que ninguno de nosotros, seres humanos, está libre de pecado por tanto nadie puede arrojar la primera piedra sin que corra el riesgo de lapidarse a sí mismo, de igual manera, si lo aceptamos o no, todos pertenecemos a un bando aunque no todos pertenezcamos a círculos viciosos y no militemos en los bandos que ameritan más reprensión y desprecio.

   Esto de los bandos es asunto peliagudo porque muchas de las veces ni siquiera somos conscientes que militamos en uno que moralmente merece reprensión u ostracismo por lo que es en sí, por antisocial o inhumano, pero así funcionan las cosas desde la eternidad de los tiempos y está en nosotros mismos cambiarlo, y para hacerlo, primero tenemos que tomar consciencia de que todos pertenecemos a un bando y una vez lo hayamos hecho, tenemos que darnos a la tarea de cambiar de bando si llegamos a la conclusión que militamos en el bando equivocado y así, alinearnos con otras personas que militan en un bando que nos aporte satisfacciones y se las podamos aportar a la sociedad a la que pertenecemos, todo ello, teniendo claro que mejor es procurar militar en el bando deseado porque prescindir de ellos – de los bandos — no es posible y siempre perteneceremos a uno, procuremos que sea en el bando de los buenos, pero de los buenos de verdad, no de los que aparentan serlo y para serlo, primero y por encima de todas las cosas, tenemos que creer en Dios, ya la doctrina es elección personal de cada quien pero no indispensable para estar del lado de los buenos, de Dios, de los que trabajan de corazón para que el mundo vaya por el mejor rumbo y no haya desprotegidos porque si lo permitimos, no podemos decir que creemos en Dios, no usemos a Dios para tapar nuestras iniquidades ante los hombres, Dios siempre sabrá que anida en nuestros corazones.

   Ahora miremos en el corazón de los bandos en que militamos todos para que tengamos más claro nuestro proceder en la vida y que al menos sepamos el por qué militamos en uno determinado y si ese bando en el que militamos está acorde con nuestra condición moral y nuestros valores porque no me cabe duda que muchos seres humanos podemos militar en el bando equivocado y este hecho se puede dar por inducción, por temor, por conveniencia, por cobardía, por debilidad, por sumisión, por ignorancia o por desconocimiento del fondo de la cuestión que genera su militancia y siendo así las cosas en el supuesto que esto que digo sea cierto, creo importante hacer un recorrido por el mundo de los bandos para que tengamos un referente a la hora de elegir a consciencia, uno en el cual militar o de evaluar el actual en que lo hacemos.

   Creo que el mejor bando para militar es el bando de los justos, porque haciéndolo, estamos obrando de la mejor manera posible, como corresponde a un ser humano consecuente con  sus actos, con Dios y con el resto de los hombres y siendo justos, no tendremos motivos para preocuparnos por lo que será en el más allá después de emprender el último viaje, el viaje sin retorno.  

   Hay quienes militan en el bando de los desesperados y pertenecer a este bando implica muchos riesgos personales porque de la desesperación al suicidio o al momento de cometer un acto bárbaro o irreflexivo, solo hay una estrecha franja que se puede cruzar en dos zancadas sin pasar por un período de reflexión que marcaría la diferencia entre la vida o la muerte.

    Muchos militan en el bando de la corrupción y para que sea más letal su militancia, tienen cargos de responsabilidad política y social que por fuerza hace que sus actos tengan consecuencias letales en la sociedad en la que llevan a cabo sus actos de corrupción y tejen sus telas de araña con las que envuelven a esa sociedad y para colmo, esos actos deplorables casi siempre quedan en la impunidad porque tal pareciera que en el momento de avalar  con nuestro voto a un mal político, también le estuviéramos firmando una autorización en blanco para que haga lo que le salga de su mala entraña y su poca moral y que llevara implícita la aceptación de la corrupción y la posterior impunidad de sus actos corruptos.

   Hay quienes militan en el bando de los fanáticos, no importa de qué tipo, todo  fanatismo es aberrante y encierra riesgos y aunque muchos de ellos quieran sustentarse en Dios igualmente pueden desencadenar hechos que van en contra del buen desempeño de la sociedad y el que se fanatice en nombre de Dios, no le suprime el riesgo que conlleva, pero si hay un fanatismo que me preocupa más que el fanatismo religioso porque pasa desapercibido, o como se dice coloquialmente, de agache, es el fanatismo político, más peligroso porque es ejercido desde el poder político por unos orates llamados representantes que todo lo hacen mal con toda la mala intención en perjuicio del pueblo que dicen representar y en beneficio del poder económico y lo sustentan en el “bienestar del pueblo” y en la moribunda democracia.

   Militar en el bando de los hipócritas que dicen ser, –y de hecho se lo creen— mejores personas que los demás es más común de lo que creemos y tan perjudicial para toda la humanidad como puede serlo una pandemia y son de los que más daño causan a la humanidad porque sus actos no siempre son lo que aparentan y su cara oculta es la desgracia de quienes para mal se cruzan en su camino o de carambola son tocados por sus actos malvados.

    Otros lo hacen en el bando del poder económico, al que pertenecen los que creen tener la licencia para hacerse con todo el oro del mundo a cualquier costo, sin riesgos personales, pisoteando, explotando, suprimiendo si fuere preciso, en la certeza de que sus actos quedarán impunes, amparados en su poder y en el de quienes los sustentan dentro del poder político.

   Muchos otros militan en el bando de los ventajistas y se comportan como aves de rapiña, metiendo su zarpa en todo, aunque tenga muy poco valor económico porque su labor es carroñar y siéndolo, carroñeros quiero decir, nada existe que puedan despreciar.

   Ya para terminar, con esto de que todos pertenecemos a un bando corto con la enumeración de sus distintas modalidades porque de no hacerlo, no terminaría a tiempo para asumir el peso de mis culpas que como ser humano arrastro conmigo pero si diré que he procurado que mis culpas sean lo menos dañinas posibles para mí y para los demás porque soy consciente que un día, cercano o lejano tendré que enfrentarme con mis obras ante quien me concedió el salvoconducto para pasearme por la vida sin más limitaciones que las que me ha dictado mi consciencia y de lo que haya hecho con ese salvoconducto solo yo soy responsable, solo yo responderé, solo yo recibiré lo que merezcan mis obras,  espero si, por mi bien haberlo hecho al menos medianamente bien. Has pensado en ello, tú que me estás leyendo y en todo lo que implica? Pues si no lo has hecho empieza ahora para que no te coja de sorpresa el día y la hora señalada para partir sin tener claras las ideas porque ese día, son tus actos los que hablarán por ti y tal vez para ese momento hayas perdido el don de la palabra y no puedas alegar razones en tu defensa.

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