El tema de hoy es: Unos cargan la fama y otros cardan la lana

   descargaUn dicho popular, máxima, adagio o refrán, es una expresión de la sabiduría popular que cuenta una experiencia del diario vivir de tal forma que pueda ser usada por cualquiera persona como modelo o punto de referencia para, apoyada en él, no tener que vivir la experiencia que le dio vida y por supuesto, sacarle todo lo bueno que pueda tener, esta es la mejor definición que desde mi punto de vista personal puedo dar de un dicho popular, máxima, adagio o refrán, y tiene una manera de actuar muy interesante porque puede mostrar un mal proceder sin señalar expresamente a alguien aunque en si mismo señala la mala acción y a quien la causa. Miremos algunos ejemplos, cuando escuchamos decir: “Otra vez la burra al trigo”, se está hablando de un hecho repetitivo en una misma persona casi siempre malo, o cuando se dice: “el burro hablando de orejas” se está haciendo referencia a criticar en otros nuestros propios defectos, con estos ejemplos, nos podemos dar por enterados de que un dicho popular es algo que si lo miramos detenidamente, nos muestra los errores en los que no debemos caer y nos dice que alguien más listo que tu y que yo ya pasó por esa situación que estamos a punto de vivir y que  la podemos vivir en cabeza ajena que no es otra cosa que tomar la experiencia de otro como modelo para que no tengamos que cometer el mismo error y sin tener que vivirlo darlo por superado.

    Y ya que estamos hablando de adagios, máximas, dichos populares o refranes, hoy quiero disertar sobre uno que dice: “Unos cargan la fama y otros cardan la lana” y lo hago porque veo que somos los seres humanos en general muy proclives a ver en los demás nuestros propios defectos y cuando lo hacemos, esos, nuestros defectos quedan anulados por los defectos ajenos que dicho sea, no es que dejen de existir y de señalarnos, siguen estando ahí pero por obra de la doble moral y del cinismo, los ignoramos, siguiendo el razonamiento que si hay alguien en quien señalarlos, ¿por qué tendríamos que asumirlos como propios? Por eso justamente es que se dice que: “Unos cargan la fama y otros cardan la lana”

   Ahora bien, eso de asumir responsabilidades es algo que no se nos da bien a los seres humanos porque como dice otro adagio: “todos se equivocan menos yo” y desde el punto de vista personal, de cada uno, este concepto es tan válido como cualquiera otro pero desde la objetividad, el asunto deja mucho que desear y terminamos viviendo un conflicto personal porque por el simple hecho de negarla, la equivocación no deja de serlo y de tener cabida en la vida del ser humano y es mejor aceptar que como seres humanos que somos, nos equivocamos si así no fuera, no estaríamos viviendo en un mundo material en el que nos equivocamos para aprender las lecciones que nos permitan entender que somos seres espirituales viviendo en un mundo material en donde experimentamos y aprendemos para, llegado un día, no equivocarnos más y entonces sí poder partir en compañía de la muerte a vivir por siempre en el mundo espiritual.

   Ya para terminar, cuando tengamos que valorar nuestra vida y enfrentarnos con nuestra realidad, con defectos y debilidades humanas, tengamos el valor y la honradez de asumirlo todo con  responsabilidad y el entendimiento de que somos seres espirituales viviendo en un mundo material en el que de todas formas nos tenemos que equivocar para poder aprender y asimilar las lecciones que nos toca por fuerza aprender para…una vez hayamos completado la rueda y hallamos vivido las experiencias que como seres espirituales teníamos que vivir en este mundo material, partir al mundo espiritual al que pertenecemos habiendo aprendido que, todos nos equivocamos por nuestra circunstancia de seres humanos, –aunque en la esencia seamos seres espirituales— que las lecciones que aprendemos en este mundo material, son de orden personal, nadie las puede vivir por nosotros, que cuando hablamos de lana, todos cardamos, no solo el vecino, que es mejor aceptar nuestros defectos, asumiendo nuestros errores para que al final de la historia superemos el curso de vida material para poder acceder con todos los honores al mundo espiritual y que de nuestro proceder no resulte que por no haber aprendido la lección, tengamos que  decir que: “Vinimos por lana y salimos trasquilados”.

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