El tema de hoy es: El voto popular

imagesEl voto popular, es la columna sobre la que se levanta y sostiene la desprestigiada democracia y tengo que decir, desde ese punto de vista que…sin voto, no hay democracia. Siendo así las cosas, no puedo entender por qué nuestros “honorable representantes políticos” nos tienen tan poco respeto y lo demuestran descaradamente cuando se creen seres superiores a nosotros, como si estuvieran en sus cargos por la gracia divina y cada vez que se sientan a legislar, su legislación aunque en todo momento repitan que se hace en función de nuestras necesidades, cumple la función de dar cumplimiento a sus compromisos adquiridos con el poder económico y de paso alimentar su avaricia, razón primordial por la que se venden al mejor postor, traicionando de paso a los imbéciles que los avalaron con su voto y esos imbéciles, son ustedes, soy yo, somos todos los que hacemos posible que el sistema político podrido que nos gobierna llamado democracia, se mantenga.

   Y que decir sobre lo que pasa en tiempos electorales, pues que se ve a grandes masas de población en las calles, vitoreando al caudillo de sus preferencias y van a las urnas eufóricos y ganadores, sin que se enteren que lo hacen como va al matadero la res, o como iban los gladiadores a la arena del circo romano a ser devorados por las fieras al grito de: “! Oh! Gran Cesar, los que van a morir te saludan” solo que en este caso no se muere de golpe y porrazo como pasaba con los gladiadores en la arena de la tortura, se muere poco a poco, paso a paso y esos pasos los miden el poder político y el económico, el gran poder y son medidos con mucho control, pues el veneno de las necesidades, del recorte de libertades civiles que administran a los pueblos donde unos gobiernan –los políticos—y los otros -–poder económico—llevan a cabo sus grandes negocios en detrimento de esos pueblos que lo hacen posible, penetra lentamente, adormeciendo la consciencia y recortando la capacidad de pensar y de obrar.

Ahora bien, lo que más me llama la atención de todo esto es ver el grado de adoctrinamiento e imbecilidad al que se ha llegado, cuando vemos vitorear al caudillo de sus preferencias políticas, con la vista nublada por la euforia y el cerebro embotado de estupidez y triunfalismo, confiados en la victoria del candidato de sus preferencias, una victoria que en su candidez sienten propia.

   Un poco después, cuando a esos pueblos les llega la hora de hacer cuentas, se encuentran en saldo rojo, con cero haberes en sus cuentas personales; les salen a deber porque siendo mucho lo que dan, se le retribuye muy poco, casi nada y siendo los pueblos quienes sostienen a la democracia, –por lo que sea, para no entrar en detalles y poner el dedo en la llaga– lo menos que esperamos de esta –de la democracia— en cabeza de los gobernantes, es que respete, a su pueblo haciendo honor a su nombre; teniendo en cuenta su opinión y sus necesidades a la hora de tomar decisiones, diez mil, cien mil, un millón de mentes; piensan más que veinte privilegiadas, –no por méritos sino por circunstancias, manipulaciones o intereses de alguien– que a lo sumo son las que toman las decisiones, dejándonos como decimos popularmente: “Vestidos y alborotados y con los calzones abajo”, porque en las decisiones trascendentales que se tienen que tomar, nuestra opinión no cuenta y del voto, es mejor no hablar puesto que a estas alturas de la representación, ya se dio, ya decidió, lo demás no cuenta, por tanto, el voto ha dejado de tener poder porque ya cumplió su papel y llegado a este punto, tengo que decir que si no el voto pierde su poder, por fuerza también lo hace la democracia y el sistema político que avaló queda en la cuerda floja.

   Me parece que hemos llegado a un punto de la historia de la sociedad y de los Estados modernos y “civilizados”, en que hemos de replantearnos la manera de entender por nuestro lado y por otro, la manera de aplicar y de ejercer la democracia y creo que ha llegado el momento de exigir de los dirigentes políticos, del Estado; una democracia participativa, más transparente y más adaptada al sentir y a las necesidades de los pueblos a los que representan.

Si el voto es un deber y a la vez que un derecho, hagamos uso de ese derecho, cumpliendo con nuestro deber, votemos, es nuestro deber y es nuestro derecho; pero hagámoslo en blanco, estaremos cumpliendo con un deber a la vez que ejercemos un derecho, pero con un mensaje muy claro, que estamos ejerciendo nuestro derecho, advirtiendo a aquellos que nos ignoran, que sin nuestro voto en positivo, no podrán continuar por el camino que se han trazado en la vida y por la fuerza del voto en blanco, se tendrán que remover los cimientos estructurales del sistema democrático podrido y por ende de la sociedad.

Ya para terminar, el voto popular, tiene mucho que decir en esta historia y sin voto, no hay democracia, no hay caudillos, o cambia la política y la manera de pensar y de obrar de los políticos respecto del pueblo, al que solo representan, o se derrumban las instituciones, porque sin voto no hay elecciones y sin elecciones no hay democracia.

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