El tema de hoy es: Todos somos víctimas de algo o de alguien

TODOS SOMOS VITIMAS DE ALGO O DE ALGUIEN

El tema de hoy es todos somos víctimas de algo o de alguien

   Todos somos víctimas de algo o de alguien en algún  momento de nuestra vida, sentencia cierta, pero eso no nos pone en un lugar de preferencia para recibir favores divinos a manera de compensación, ni ante la premisa de que: Dios prueba a sus elegidos, nos hace mejores personas. Ser víctima de algo o de alguien, es una situación personal que generamos o permitimos y voy a dar algunos ejemplos. Una mujer que es maltratada por su compañero sentimental, es una víctima de quien la maltrata y de ella misma que lo permite, aunque alegue en su defensa que el hombre por serlo, la domina por la fuerza y esto puede tener algo de cierto, pero yo digo, sin que se escandalice nadie por lo que va a continuación porque lo creo de justicia: Las armas igualan a las personas y si las fuerzas no son suficientes para sostener una batalla en igualdad de condiciones y en la que puede estar en juego la vida, cualquiera opción es buena.

También podemos ser víctimas de la buena fe que paradójicamente, siendo una virtud del ser  humano, la de obrar del lado bueno de las cosas aunque presenten dudas, le cobra a la persona equivocada, en este caso la buena fe ha sido cómplice de quien va por la vida queriendo joder a todo el que se cruce en su camino y la víctima, es víctima de sí mismo al no poder reconocer con tiempo el lado malo de las cosas y sus repercusiones, para prudentemente, apartarse de manera momentánea de su buena fe que por serlo, lo presenta indefenso ante algo o ante alguien que por sus inclinaciones naturales, puede causarle un problema, tal vez irremediable si no se le pone remedio a tiempo.

   Ahora bien, podemos ser víctimas de nuestras propias maquinaciones en cuyo caso, somos víctimas de nuestro propio invento, pero en ese caso siendo la víctima, también somos el victimario, la causa, en cuyo caso, no nos podemos quejar, hay que aguantar de pie, aceptando que nos hemos equivocado en perjuicio propio. También podemos ser víctimas de nuestras buenas intenciones, de nuestras buenas obras que aunque parezca un contrasentido se puede dar, es en este caso cuando nos revelamos y pensamos que es mejor ser mala que buena persona y que bien mirado, tiene sentido aunque después de todo, es mejor seguir tarncitando en el buen sendero y ser más observador y selectivo para no tener que vivir una situación desagradable por el incomprensible hecho de querer obrar bien.

   Llegado a este punto,  a veces parece que fuéramos víctimas del azar, aunque a mí personalmente me cuesta entenderlo, por ello, no me confío al azar dejando los cabos de amarre sueltos, como tampoco lo culpo de todo lo que sucede y que no se puede explicar, aunque mi inclinación es hacia ese lado, sin una resolución definitiva por supuesto, si hay momentos en que parece que las dudas se aclaran y el azar habla con voz propia, convincente, por ejemplo cuando nos surge un problema por, aparentemente estar en el lugar equivocado en el momento igualmente equivocado y a causa de ello, ser víctima de una agresión o de privación de la libertad, por ejemplo, sin más explicación que pasar por un lugar sin otra intención que desplazarse a otro o simplemente por caminar y encontrarse de frente y sin protección con la repartición de conflictos al azar, en estos casos es en los que el azar parece cobrar protagonismo, aunque cabe otra posibilidad y en esa, nada tenga que ver el azar y es que la situación es la consecuencia de una deuda espiritual impagada.

   Ya para terminar, cuando digo que todos somos víctimas de algo o de alguien, no estoy diciendo algo que no se sepa, pero si digo que aún siendo víctimas, se ha de intentar mantener la paz interior y lograrlo en lo posible, es provechoso para la salud del cuerpo y del espíritu, lo que no se puede es caer en el victimismo que en lugar crear adeptos que se identifiquen con la causa, crea una especie de rechazo hacia la víctima que se regodea en su dolor y quiere causar pena, ese no es el camino, el camino es enfrentar al victimario –aunque ese victimario sean los molinos de viento con que se peleó el insigne hidalgo o  la naturaleza llegado el caso—con  actitud positiva para superar cualquier daño y si no se supera en su totalidad  porque sus secuelas son hondas y requieren de tiempo para sanar, si nos concede el tiempo que necesitamos para lograrlo porque en nuestros interior y aunque sea de manera inconsciente, ya lo hemos superado.

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