El tema de hoy es: nuestro mundo

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El tema de hoy es nuestro mundo

Viendo la forma como se desarrollan los  acontecimientos que mueven al mundo, la manera de ejercer el poder y los intereses que articulan esos acontecimientos, no tengo buenas noticias que dar porque con conocimiento o sin él, vivimos en un mundo de fatalidad y de desesperanza, porque estamos gobernados por una clase dirigente, corrupta, avariciosa, insensible, cruel y deshumanizada, plagada de sí misma, que dice creer en Dios pero que obra como lo hacen los descreídos y embaucadores y esto les sale muy bien porque son los reyes de la desinformación y de la demagogia, que en sus manos, hay que reconocerlo: Parecen bellas artes.

    La agresión, disfrazada de buenas obras o de defensa de intereses comunes a toda la humanidad es una constante en nuestros días y lo más preocupante es que no se denuncia por parte de quienes en el mundo tienen poder para hacerlo, lo que los convierte en cómplices pasivos, pasivos solo por no participar directamente del acto impropio, no se escucha una voz aunque sea quedo, por lo bajo que denuncie el chantaje moral, la mentira y la extorsión con que se está haciendo de éste mundo, no un mundo mejor, sino un campo de batalla y como dice el disco: ya ni llorar es bueno porque no consuela pensar que…la vida en contra posición con  ciertos intereses, no vale nada.

 Bien mirado y dadas las circunstancias, veo muy posible que estemos viviendo el ocaso de la humanidad porque en un mundo en el que priman el poder y los intereses económicos, no puede existir un futuro, dado que cuando los intereses de cualquier tipo, ya sean políticos o económicos o reconcentrados en uno solo al que yo llamo el gran poder,  son los que determinan los acontecimientos que tenemos vivir como humanidad, no hay que ser un sabio o un iluminado para saber lo que nos espera porque: “Blanco es, gallina lo pone y huevo se llama”.

  Dadas las circunstancias que nos toca vivir que vuelvo a repetir…aunque parezcan obvias, ningún pueblo puede hacer uso de la libre determinación que cabe pensar posible en un mundo llamado democrático, si sus intereses a pesar de ser justos, necesarios y beneficiosos para sí, chocan con los intereses, la corrupción y la avaricia del gran poder constituido a partir del poder político y el poder económico.

   Visto, lo visto, somos la humanidad un barco a la deriva, desgobernado por un capitán loco y sin conocimientos náuticos, secundado por un grupúsculo de idólatras adoradores del poder, la riqueza y el despotismo, aposentados en el manicomio que es ese poder diabólico y exterminador.

     Llegado a este punto, tenga que decir que ya no se exigen responsabilidades políticas –penales nunca han existido y morales no las han tenido– porque en el mundo del siglo XXI, de una democracia demasiado moderna o contaminada de la corrupción del poder político, ha perdido la moral y se ha convertido en artículo de cambio y de negociación, solo importa hacer leyes para que sean respetadas por todos, menos por quienes las crean para su propio beneficio y provecho.

   Ya casi todo está perdido porque un gran poder déspota y plagado de sí mismo campea a sus anchas en sus extensos y vastos dominios, que abarcan todos los confines de la tierra, con santuarios de adoración idólatra en América del Norte y Europa, que es donde están enquistados los centros del gran poder y de la moribunda democracia.

   Llegado a este punto, nos dicen que no podemos ser tibios, o calientes o fríos,  ser tibio despierta suspicacias y la suspicacia acarrea castigos, no se puede estar con Dios y con el diablo  porque bien sabe el gran poder que no se puede servir fielmente a dos señores  y menos se puede disentir, aunque sea razonable y se esté haciendo uso de la razón, la ecuanimidad y la justicia porque ese gran poder, aplasta y extermina y tiene muy claro que quien no lo adora, es su enemigo y a los enemigos se les persigue hasta el exterminio.

  Ya para terminar, la consigna del gran poder es que caminemos con la cabeza gacha y mirada contrita como muestra de respeto y sumisión y así tal vez, solo tal vez, porque en lo que venga del gran poder, no puede haber certezas, podamos alcanzar la vejez y ver entre enfurecidos y avergonzados, el mundo que legamos a nuestros hijos por no haber sabido hacer uso del “derecho” que nos da la descuadernada democracia de rechazar lo que no convenga a nuestros intereses y ver en ese momento una verdad dolorosa: “Todo pueblo, tiene lo que se merece” porque se peca por acción pero un pecado más grande es el de la omisión, he ahí nuestra responsabilidad, ahí nace y se acrecienta nuestro delito, el de no haber sabido actuar a tiempo y ese delito nunca lo podremos enmendar y creo que tampoco nos lo podrán perdonar nuestros hijos cuando tomen consciencia de la mierda de mundo que les dejamos en herencia.

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