El tema de hoy es: Ante la muerte me inclino

ANTE LA MUERTE ME INCLINO

El tema de hoy es ante la muerte me inclino

   El Tema de hoy es de nuevo la muerte, ya he escrito anteriormente a este respecto pero lo creo tan importante y tan descuidado por la  humanidad a sabiendas que un día nos hemos de enfrentar con ella en el último acto que como seres vivos representemos que me pongo en el lugar del muerto, sin temores ni aprensiones porque lo tengo asumido, por tanto se que  un día tendré, tendremos que cumplir con esa cita, desagradable pero ineludible ante la cual, es mejor estar preparados, borrando de la mente la idea de que si pensamos en ella, la estamos llamando porque  una cosa no tiene que ver con la otra, más bien nos hacemos cargo de algo que aunque no nos guste aceptarlo, tiene que pasar y pasará, tanto si lo aceptamos como si no y  si estamos preparados o no porque las cosas que tienen que pasar, pasarán y es mejor asumirlo y disfrutar de la vida mientras tengamos tiempo.

   Siguiendo con el desarrollo de este artículo a cerca de la muerte,  tengo que decir que, hablo de ella,  porque no la temo, como la respeto, no la reto, como se que su oficio es terminar con la vida, me pongo a su disposición para que la tome cuando llegado sea el día, esperando sí, que me trate con el mismo respeto que he tenido con ella, por entender que a pesar de que casi todos le temen, yo le he dado su lugar y la entiendo como quien desempeña un trabajo, desagradable pero trabajo al fin de cuentas sin darle más vueltas  y si ese, su trabajo es cerrar un ciclo, no seré yo quien me declare en rebeldía ante lo inevitable.

    Yo espero que llegado el día de enfrentarme con la muerte en el último cara a cara que tendré en la vida, como ser humano, ese día y hora señalada para nuestra cita ineludible, ella, la dama inoportuna pero  justa, se presente de frente, con la misma actitud que yo he tenido con ella, entendiendo que en mí, no encontrará resistencia, ni objeciones porque lo tengo asumido como algo irremediable y que por tanto tiene que llegar y soy de los que asumo lo que tiene ser, obrar de otra forma no es más que alargar las dudas y los temores por lo que vendrá después.

   Ese día quiero que sepa que  no recurriré a tretas como la de Peralta en la obra de Tomás Carrasquilla —1.858- 1.940— titulada: A la diestra de Dios padre porque no tengo tanto ingenio, ni tantos recursos para tratar de escurrir el bulto y lo digo así sin menoscabar el prestigio y la admiración que siento por el gran Don Tomás Carrasquilla.

  Continuando con mi discurrir por el camino de la muerte, tengo que decir que siendo los humanos tan previsivos en nuestros asuntos personales  respecto al día de la muerte, dejamos sin atender la parte más importante del hecho en sí que es el de la cita con ella, hacemos un testamento y procuramos tener las cosas bien atadas ante el entendimiento que un día hemos de morir y eso está muy bien, no dejar nada al azar, pero, Y que pasa con la muerte misma, de ella no nos ocupamos en vida y decididamente no nos preparamos para el último acto que tenemos como seres vivos y que paradójicamente nos adentra en sus terrenos pues esa cita es con ella y no llegamos preparados porque siempre hemos temido ese momento. Total que, no jugamos en igualdad de condiciones ante tal evento pero no es porque se den unas circunstancias especiales, es porque por omisión, no nos  preparamos y por consiguiente no nos enteramos del desenlace hasta que canta el gallo y a partir de ahí, nada podemos hacer porque es ella, la muerte la que coge el relevo de la vida, cobrando todo el protagonismo, haciendo las veces de juez y de verdugo.

   Visto lo visto, Y mientras llega ese día que todos desconocemos pero que sin ninguna duda ha de llegar, yo si me declaro enterado y preparado  y la acepto como compañera en el viaje de la vida hacia el final y creo entonces que he de tener una vida más tranquila pues me he quitado de encima una de las preocupaciones que a otros aflige, la de la última cita, esa de la que no se regresa y como creo que la resistencia empeora las condiciones de las cosas, creo también que al aceptar de buen grado lo inevitable, la transición de vivo a muerto será sin sobresaltos.

   Ya para terminar, tengo que decir que: La cita con la muerte, es irremediable y no hay manera de posponerla o anularla, veo entonces oportuno el momento de traer a escena el dicho popular: “No hay fecha que no se llegue, ni plazo que no se cumpla”, pero mientras llega el momento de los días y las fechas cumplidas, me declaro libre de dudas y de temores acerca de la muerte por entender que ante lo inevitable, mejor es firmar un armisticio que como en las guerras, solo me puede dar ventajas, las ventajas que  no tiene quien la niega, ignora o teme, y desde luego creo que es el momento para que todos se apresten a firmar el suyo, para que libres de cargas, puedan seguir viviendo con la tranquilidad que da el tener todos los asuntos en orden, en espera del momento final, sin más aprensiones que no saber, el día y la hora pero seguros de que será un acto consentido.

    Siguiendo con el desarrollo de este artículo a cerca de la muerte,  tengo que decir que, hablo de ella,  porque no la temo, como la respeto, no la reto, como se que su oficio es terminar con la vida, me pongo a su disposición para que la tome cuando llegado sea el día, esperando sí, que me trate con el mismo respeto que he tenido con ella, por entender que a pesar de que casi todos le temen, yo le he dado su lugar y la entiendo como quien desempeña un trabajo, desagradable pero trabajo al fin de cuentas sin darle más vueltas  y si ese, su trabajo es cerrar un ciclo, no seré yo quien me declare en rebeldía ante lo inevitable.

    Yo espero que llegado el día de enfrentarme con la muerte en el último cara a cara que tendré en la vida, como ser humano, ese día y hora señalada para nuestra cita ineludible, ella, la dama inoportuna pero  justa, se presente de frente, con la misma actitud que yo he tenido con ella, entendiendo que en mí, no encontrará resistencia, ni objeciones porque lo tengo asumido como algo irremediable y que por tanto tiene que llegar y soy de los que asumo lo que tiene ser, obrar de otra forma no es más que alargar las dudas y los temores por lo que vendrá después.

  Ese día quiero que sepa que  no recurriré a tretas como la de Peralta en la obra de Tomás Carrasquilla —1.858- 1.940— titulada: A la diestra de Dios padre porque no tengo tanto ingenio, ni tantos recursos para tratar de escurrir el bulto y lo digo así sin menoscabar el prestigio y la admiración que siento por el gran Don Tomás Carrasquilla.

  Continuando con mi discurrir por el camino de la muerte, tengo que decir que siendo los humanos tan previsivos en nuestros asuntos personales  respecto al día de la muerte, dejamos sin atender la parte más importante del hecho en sí que es el de la cita con ella, hacemos un testamento y procuramos tener las cosas bien atadas ante el entendimiento que un día hemos de morir y eso está muy bien, no dejar nada al azar, pero, Y que pasa con la muerte misma, de ella no nos ocupamos en vida y decididamente no nos preparamos para el último acto que tenemos como seres vivos y que paradójicamente nos adentra en sus terrenos pues esa cita es con ella y no llegamos preparados porque siempre hemos temido ese momento. Total que, no jugamos en igualdad de condiciones ante tal evento pero no es porque se den unas circunstancias especiales, es porque por omisión, no nos  preparamos y por consiguiente no nos enteramos del desenlace hasta que canta el gallo y a partir de ahí, nada podemos hacer porque es ella, la muerte la que coge el relevo de la vida, cobrando todo el protagonismo, haciendo las veces de juez y de verdugo.

  Visto lo visto, Y mientras llega ese día que todos desconocemos pero que sin ninguna duda ha de llegar, yo si me declaro enterado y preparado  y la acepto como compañera en el viaje de la vida hacia el final y creo entonces que he de tener una vida más tranquila pues me he quitado de encima una de las preocupaciones que a otros aflige, la de la última cita, esa de la que no se regresa y como creo que la resistencia empeora las condiciones de las cosas, creo también que al aceptar de buen grado lo inevitable, la transición de vivo a muerto será sin sobresaltos.

  Ya para terminar, tengo que decir que: La cita con la muerte, es irremediable y no hay manera de posponerla o anularla, veo entonces oportuno el momento de traer a escena el dicho popular: “No hay fecha que no se llegue, ni plazo que no se cumpla”, pero mientras llega el momento de los días y las fechas cumplidas, me declaro libre de dudas y de temores acerca de la muerte por entender que ante lo inevitable, mejor es firmar un armisticio que como en las guerras, solo me puede dar ventajas, las ventajas que  no tiene quien la niega, ignora o teme, y desde luego creo que es el momento para que todos se apresten a firmar el suyo, para que libres de cargas, puedan seguir viviendo con la tranquilidad que da el tener todos los asuntos en orden, en espera del momento final, sin más aprensiones que no saber, el día y la hora pero seguros de que será un acto consentido.

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