El tema de hoy es: El trabajo

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De los que se dice que lo saben todo, ellos,  los expertos; dicen que el trabajo dignifica y yo digo que el trabajo no deshonra, pero igualmente no dignifica, porque en el mundo en que vivimos de intereses, avaricia y corrupción, casi que podríamos decir que dignidad, lo que se dice dignidad, solo se puede encontrar en el reposo final, el de la muerte, no con un trabajo en un mundo en el que todo tiene un precio y la generosidad y la consciencia social, son palabras que invocan los esclavistas de hoy para desviar la atención sobre lo que en realidad son, esclavistas, avaros y mezquinos.

 

   Ahora bien, si vamos hablar de la dignidad del trabajo, yo les voy a decir que si hay un trabajo que dignifica pero no porque esa dignidad sea merecida y el trabajo en sí la conceda, sino porque el mundo está lleno bandidos, antisociales y de tontos útiles —yo el primero— y dignifican a quienes los pisotean, menosprecian, matan de hambre con sueldos de miseria, acosan, desaparecen llegado el caso y si la situación lo amerita, atracan, no con una pistola sino con leyes para ser acatadas por todos, menos por ellos y sus asociados en tan macabra obra. Ese trabajo que dignifica entre comillas es el trabajo de los políticos, que ganan unos sueldos tales que debería darles vergüenza ver que hay una parte mayoritaria de la población mundial que gana sueldos de hambre y sobrevive por obra y gracia de sus necesidades. Continuando, esos bandidos de cuello blanco y dignidades inmerecidas, llamados políticos en lugar de fraude, no cumplen un horario de trabajo porque son holgazanes por naturaleza y las leyes de la democracia no los obliga como a cualquiera hijo del pueblo a que lo hagan, son cuidados con el dinero del estado o mejor es decir de los contribuyentes, mejor dicho con el tuyo y con la mío y hay que cuidarlos porque son bandidos y los bandidos se protegen porque saben que las deben y quien las debe, las teme, salvo muy contadas excepciones no son sancionados o castigados por la ley cuando cometen delitos —hecho que es muy frecuente aunque no se les llame así, delitos— y cuando lo son, no van a una cárcel común donde hay que defender los zapatos, el “culo” y la vida, van a un lugar especial donde puedan seguir haciendo lo que tanto les gusta hacer, robar, maquinar, en una palabra delinquir o los dejan “confinados” en su propia casa, qué vergüenza de política, que vergüenza de leyes, que vergüenza de democracia. Cerrando este aparte,  al final de cuentas esos trabajos no los dignifican, los señalan, los proscriben porque han cometido a través de su trabajo toda clase de iniquidades y se han ganado un desprestigio tal, que bien visto, debe dar vergüenza ser político, hijo de político o esposa de político, ya no que decir, amigo porque cuando por avaricia, codicia, poder, alianzas malvadas te “cagas” en la vida de los demás, no mereces otra cosa que desprecio, ostracismo y una tonelada de “mierda” y de lodo encima.

   Continuando con este artículo y bien visto, hay trabajos que en lugar de dignos, son trabajos de “mierda”, no merecen otro calificativo. Esclavizan con jornadas laborales extenuantes y mal remuneradas a más de que muchos de ellos son trabajos que los realiza quien nada tiene —recicladores, vendedores ambulantes, pordioseros -porque ser pordiosero es un trabajo donde no lo hay— carece de algún tipo de apoyo familiar y por supuesto del estado y va por la vida al vaivén del viento, de la lluvia, del sol y de la buena o mala consciencia de las personas con las que se cruza en su tortuoso camino, encontrando a su paso desprecio cuando no agresión por el simple hecho de ser un desprotegido de la fortuna, de la vida y ya  no sé si decir de Dios, pero lo parece.

   Hay trabajos que en lugar de dignificar y dar prosperidad, dan enfermedades nerviosas, otras incurables como el cáncer y eso se da porque en el siglo XXI, la avaricia, la codicia y la corrupción andan sueltas por la tierra de nadie, cometiendo iniquidades porque los avariciosos tienen que hacerse más ricos al precio que sea, caiga quien caiga siempre y cuando los que caigan no sean ellos y los políticos corruptos que sobra decir pero lo digo, que son avariciosos, están en sus puestos de trabajo para servirlos y de paso llenarse los bolsillos prestándoles un servicio y por añadidura al pode económico, padre de la avaricia, de la codicia y de la corrupción, pisoteando al pueblo que los eligió equivocadamente para que lo representen, no para que lo atropellen y permitan que otros degenerados, buscavidas y sinvergüenzas también lo hagan.

   Triste es ver que las leyes que dicen o aparentan amparar a los trabajadores han sido hechas para no aparecer abiertamente como alcahuetes, sinvergüenzas y servidores del gran poder, el poder económico, se escriben en un  papel y hay muchas personas que creen en ellas pero el asunto es de otro tenor: Están escritas con muy bonitas palabras pero no se cumplen porque darles cumplimiento sería desproteger al único que hay que proteger, al poder económico, el poder de poderes que paradójicamente es el único que se protege y llega a tanto la vagabundería y el irrespeto con la clase trabajadora que en todos los lugares del planeta se cambian esas leyes que ya eran una “mierda” para adaptarlas a las violaciones que los patronos cometen con sus trabajadores porque así, –dicen con su puerca demagogia los que hacen las leyes—apoyan la inversión y promueven el desarrollo, algo bueno para los bandidos que se hacen ricos explotando y muy malo para ese ejército de cuasi miserables que pululan por el mundo desempeñando un trabajo de miseria con el que solo consiguen enfermedades causadas por estar permanentemente en contacto con agentes nocivos y por la desesperación al comprender que con ese trabajo, no alcanzan a cubrir sus necesidades primarias básicas y con ese panorama hay alguien que crea que existe un futuro?

Yo, desde luego, no, tú que me lees, que piensas? Lo creerá la caterva de bandidos que con nuestra venia se ha estado apoderando de todo?

   Ya para terminar, categóricamente digo que: El día que una persona pueda vivir con la dignidad  que merece todo ser humano porque el dinero que devenga por  el trabajo que desempeña le cubre todas sus necesidades, ese día podremos decir que el trabajo dignifica, que la democracia es un buen sistema y no que es: Alcahueta, excluyente, “engañabobos” y cueva de ladrones, buscavidas, vividores y sinvergüenzas y presta un servicio y tiene validez solo en quienes la manejan con moral laxa Y bolsillo hondo, porque la gente del común, solo cumple con el papel de sustentarla aunque llegado el momento solo reciba “patadas por el culo” y perdónenme la expresión, no veo otra más acertada.

    El día que la ley de la democracia no permita que haya una sola persona que muera de hambre, no permita que esclavistas se hagan ricos explotando a sus trabajadores, ese día podremos decir que vivimos en un sociedad justa y que el trabajo dignifica porque estaremos viviendo en un mundo de personas dignas, honradas consecuentes con Dios, con sus actos y con las necesidades de los demás.

Por último, el día que no haya esclavos de algún tipo en ningún lugar del planeta, que la ley sea pareja para todos como aviesamente nos dicen que es en un estado democrático, que quien la haga la pague y no existan protegidos, aforados, alcahueteados, defendidos por el poder político y leyes de conveniencia, ese día yo personalmente diré: Vale la pena vivir en democracia, lo verán mis ojos?, no lo creo, pero espero que a algunos de los que me leen si les llegue ese momento, mientras tanto les dejo la frase de  Emiliano Zapata, el revolucionario mexicano para que despertemos y nos amarremos bien los pantalones: “El que quiera ser águila que vuele, el que quiera ser gusano que se arrastre, pero que no llore cuando lo pisen”.

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