El tema de hoy es: Amor, odio, perdón, Dios

 

perdon-iCuando hablamos de perdón, estamos hablando de una de las situaciones que más dificultad nos representa a los seres humanos a la hora de otorgarlo o de intentarlo al menos porque, decimos tener sentimientos y no ser de palo, porque nos sentimos tratados injustamente o atropellados, porque tenemos mucho odio represado en nuestros corazones o porque simplemente nos creemos mejores personas que los demás, más inteligentes, de mejor familia o con más dinero. He ahí unas buenas razones de muchas que existen para que no queramos o pensemos que no tenemos por qué perdonar a X o Y persona o situación.

   Otra ventana desde la cual mirar el tema del perdón es pensar que no es fácil hablar de perdón cuando se han, recibido patadas, oprobios, vejaciones, injusticias y mucho más y es peor si se han recibido daños físicos o morales por culpa de tales actos y para completar, quien o quienes han cometido tales actos, no son tocados por el brazo discriminador de la justicia humana.

   Todo esto de que vengo hablando y pertenece a nuestro mundo material es importante en esto del perdón  pero el enfoque principal de este artículo, aunque ya ven que no es el único, tiene que ver con el perdón que esperamos de nuestras faltas desde el lado espiritual y la manera en que podemos recibirlo.

   Como es bien sabido, Dios no es un Ser castigador, ni vengativo, es un Ser de amor y de perdón pero por el simple hecho de que Él sea un Dios de amor y de perdón, su perdón no es automático, no es un derecho adquirido con el nacimiento aunque siempre esté a nuestra disposición para hacer uso de él. El perdón para que se pueda dar, debe ser aceptado por nosotros o lo que es lo mismo, antes de pedir ser perdonados, tenemos que habernos perdonado nosotros mismos. No puede ser perdonado por Dios a pesar de su amor y su  bondad quien no se ha perdonado así mismo, solo si dentro de nuestro ser profundo reconocemos que hemos cometido una falta contra algo, contra alguien, contra nosotros mismos y contra Dios y al mismo tiempo que lo aceptamos pedimos ser perdonados, el amor de Dios nos perdonará porque y es válida la redundancia, dada la importancia del perdón,  Dios es perdón, pero no perdonará a quien  no lo pide de corazón y con propósito de enmienda porque Dios es generoso y puro amor pero no es alcahuete ni parcializado, Dios es parejo y da de acuerdo a nuestros merecimientos y a los sentimientos que albergamos en nuestros corazones, solo quien se perdona así mismo, será perdonado, no lo olvidemos.

   Otra condición del perdón —porque el perdón tiene condiciones— es que antes de siquiera pensar en pedirlo, tenemos que saber otorgarlo, quedando claro que… no podrá ser perdonado por Dios quien no sabe concederlo porque el perdón es una ruta con dos vías, una de ida y otra de regreso y si queremos conseguirlo, tenemos que saberlo dar aunque nos cueste, aunque nos duela, aunque nos sintamos víctimas de la más grande de las injusticias.

   Tenemos que entender que el ser humano es verdaderamente grande y sabio en el perdón y que cuanto más justo —si se  puede llamar así— sea nuestro enojo y nuestra razón para sentir animadversión u odio hacia algo o a alguien, mayor debe ser nuestra capacidad para perdonar y si no encontramos la ruta fácil para hacerlo, solo con que seamos conscientes de las veces que Dios nos ha perdonado nuestras faltas — aunque muchas de ellas pudieran llamarse atroces y casi imperdonables— nos será más fácil perdonar, y si sumamos y restamos  nuestras faltas y las que se han cometido con nosotros, tal vez las nuestras sean mayores que las que debamos perdonar, solo considerando este hecho, nos será muy fácil perdonar y así nos ponemos a paz y salvo con Dios y con los hombres.

   Ya para terminar, no olvidemos que el odio no aporta nada positivo a la vida de los  seres humanos, que amor y perdón van de la mano y no podemos hacer uso de uno sin hacerlo con el otro porque si decimos amar a Dios, a nuestro prójimo y a nosotros mismos pero no podemos, no queremos o no sabemos perdonar, no amamos a Dios, no amamos a nuestro prójimo y no nos amamos a nosotros mismos y no podremos hablar de amor, de Dios y de perdón y no olvidemos que el odio y el resentimiento a quien más daño hace es a quien los siente. Finalmente otra cosa que tenemos que tener en cuenta para que podamos tener claras nuestras ideas respecto del perdón y del amor de Dios, es que el amor es la base de la ley de Dios, sin amor no podemos aspirar siquiera a ser llamados hijos de Dios porque somos hijos del amor.  Sintetizando, Dios es amor y si no lo practicamos —el amor quiero decir— no podemos aspirar a participar del reino de Dios porque estaremos violando la primera y más importante de sus leyes   que nos dice que debemos amarnos los unos a los otros, como lo hace Dios y Él no excluye a ninguno de sus hijos creados  aunque ese hijo sea el más perverso de los hombres, otra cosa es dudar del amor de Dios, es desconocerlo.

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