El tema de hoy es: La injusticia en Colombia

  demasiadas-injusticias Para desgracia de la raza humana hoy día es más fácil hablar de injusticia que de justicia por eso hablo de la injusticia en Colombia porque la justicia es un instrumento de cambio y negociación y obra en virtud de los intereses que se generan a partir del dinero, por esa razón escuchamos de historias impunes, horripilantes y atroces, de asesinatos, violaciones, desapariciones, desplazamientos forzados y de palizas y amenazas de muerte, estas últimas, las menos malas de este cúmulo de atrocidades si se le puede llamar menos malo a un acto criminal alevoso con todos sus agravantes.

   Pero, qué es lo que pasa con la justicia en Colombia? Difícil pregunta y más difícil respuesta porque son muchos factores vergonzantes, antisociales y perversos los que se conjugan para que en Colombia la justicia siga siendo, ciega, coja y burra y como dice el dicho: “Solo para los de ruana”, y aunque en un papel esté escrito un código que dice juzgar, no está concebida para juzgar y sentenciar a señoritos bien, a viejos verdes depravados, a políticos corruptos, a jueces prevaricadores, a policías corruptos, en una palabra, no está hecha para investigar, sentenciar y finalmente castigar a las élites de cualquier tipo que medran, echan raíces y pudren la tierra sobre la que pones sus garras infectas.

   Un caso de esos me ha llevado a escribir este artículo, es el de la niña Yuliana Zamboní, una niñita indígena, secuestrada, torturada, violada y asesinada por un señorito bien, el innombrable rafael uribe noguera, un hijo de papi y mami especialista en esos hechos horripilantes porque su familia, los medios, el sistema de justicia y la sociedad toda a la que perteneces tú y pertenezco yo, lo hemos permitido y pueden estar seguros de una cosa, se sentía seguro en sus cacerías porque nunca había pasado nada y si había pasado y muy seguramente pasó, pues no pasó puesto que no hubo concecuencias. Que paradoja. Otra cosa a tener en cuenta en esta cuestión es que en Colombia tácitamente sigue existiendo el derecho de pernada, esa abominación de la edad media, en el campo en algunas regiones, las mujeres de cualquier edad, casadas o no, son forzadas a satisfacer las aberraciones del patrón, las niñas púberes tienen que entregar su virginidad a quien provee trabajo a sus padres, unas veces con la aceptación de estos y otras por intimidación a la menor que ante la advertencia de tener que irse con sus padres a deambular por caminos solitarios y peligrosos, opta por acceder a su deshonra. Esto no tiene que seguir pasando, hagamos algo entre todos para que impere la justicia en estos y en otros casos de violación física, de violación de derechos y de injusticias degradantes.

   Este caso de Yuliana Zamboní es uno de miles que se dan cada año en nuestra querida patria, Colombia en los que queda plasmada con lujo de detalles la estratificación social que va del uno al seis, siendo seis el poder, la licencia para cometer actos bárbaros y el uno el coto de caza de las bestias protegidas en el estrato seis y no digo que todos los residentes de ese estrato sean delincuentes consentidos a alcahueteados, pero que los hay, los hay. Vivir en un estrato uno en Colombia es ser un desprotegido de la sociedad, del estado, de la justicia y ya no sé si decir de Dios, pero lo parece.

   Inicialmente el caso parecía ir por los mismos caminos de siempre, el de la impunidad porque la justicia miraba con ojo extraviado, no veía, los medios de comunicación no le daban la importancia que merece el caso y obviaba citar nombres propios y meter el dedo en la yaga como en otros casos hacen, tal vez por la “prestancia social”  de la familia involucrada en este hecho atroz, pero la movilización de la sociedad a través internet y sus redes sociales, el sistema más democrático de la tierra, ha hecho que las cosas apunten a que no habrá impunidad, al menos eso es lo que parece, pero no cantemos victoria, no bajemos la guardia, seamos los vigilantes de este hecho y no permitamos que se duerma en los estrados judiciales, ni en los medios de comunicación porque cuando esto pasa, los listos, acostumbrados a manipular a la justicia a través de la influencia del dinero y llegado el momento de la amenaza o algo peor, un hecho más de violencia, apoyados en la premisa que dice que: Una raya más que le salga al tigre, no cambia su condición de depredador, salen beneficiados porque cuando un caso de sangre atroz como este se duerme, la justicia se echa a roncar y deja hacer a los malnacidos, hijos de mala madre que solo están en este mundo para joderle la vida a quienes consideran inferiores a ellos por el solo hecho de no tener dinero ni albergar tanta maldad en sus corazones. No permitamos que casos como este queden en la impunidad, ya existen cientos de miles en los anales de la historia de Colombia que deberían avergonzarnos como personas y como hijos de Dios, casos en los que el violador, el asesino, el ladrón, el corruptor y etc. de estos hechos quedan en la impunidad porque la justicia no obró, la sociedad se conformó y los dolientes directos, los que tuvieron que sufrir en carne propia el dolor de tal hecho, se han conformado con lo que resultó ser una vulgar estafa, un hecho de corrupción, nunca jamás un acto de justicia, tal vez por creer que fue la voluntad de Dios, eso se llama credulidad y con ello no se está creyendo en  Él, al contrario se está aceptando que Dios no es justo, porque sus valores morales superan al dolor, al repudio que genera el hecho o porque simplemente con todo el dolor y toda la ira que un hecho tal genera, no han tenido arrestos y huevos para hacer lo que se tenga que hacer para que la justicia prevalezca.

   Esto de la podredumbre de la justicia o mejor de la injusticia en Colombia no es un hecho aislado, en el mundo del siglo XXI, más bien es una constante y el hecho se repite en cualquier punto geográfico del planta porque el mundo se ha convertido en una cueva de ladrones, un mundo de avivatos y corruptos donde solo quienes manejan mucho dinero, mucho poder y mucha maldad, tienen  acceso a todo lo que se puede comprar con dinero y lo que no pueden conseguir con él, lo toman, asesinando, atracando, extorsionando o lo que haga falta, para eso se creen los reyes de reyes y por tanto no tienen que temer nada de la justicia porque como los olivos y los aceitunos, todos son uno. Total que…el mundo en que vivimos es un mundo podrido, no porque lo sea en sí mismo sino porque entre todos sus moradores lo hemos convertido en tal, unos pocos por falta de consciencia y exceso de dinero y de maldad y por protección expresa de los organismos estatales encargados de la seguridad y de hacer valer la ley aplicando justicia, que han perdido sus valores porque defienden la injusticia, apoyan a quienes violan la ley cuando estos tienen una cartera abultada de billetes y los usan con generosidad y con maldad, llegado el caso. El resto, hemos y contribuimos a ello soportando las violaciones de nuestros derechos y  de nuestra integridad sin quejarnos. Creo que ha llegado el momento de exigir que la justicia se haga pareja para todos y no solape, apoye o defienda a quienes tiene que condenar con contundencia por causa de sus delitos y que le dé por donde ya sabemos a quien la haga y esto tenemos que hacerlo valer entre todos, la injusticia en Colombia tiene que desaparecer tanto si el sistema podrido que tenemos lo quiere implementar, como si no, hagamos uso de las redes sociales para convocar a manifestaciones pacíficas invocando justicia cuando un  caso de estos donde la injusticia es muy evidente se dé pero manteniendo la presión ciudadana hasta obtener una satisfacción, sin dejar que los cómplices de estos hechos, agazapados en los medios de comunicación silencien, engañen o enreden el caso para pescar en río revuelto y llegado el caso ir hasta donde nuestra consciencia nos diga que hemos de ir por hacer que la justicia brille y nos lleve a vivir en una sociedad más justa y segura porque no puede existir seguridad en una sociedad donde la justicia es parcializada  y juzga y castiga según sea la conveniencia y los intereses que la ponen en marcha, la justicia no puede tener intereses, la justicia tiene que ser un instrumento de equilibrio y convivencia hermanada entre los diferentes miembros de una sociedad y no puede discriminar por raza, condición económica o estrato social y tiene que estar presente para defender y aplicarse en todos los estratos sociales no solo en los estratos bajos, y llegado a este punto, tengo que decir: El que quiera ser águila que vuele, el que quiera ser gusano que se arrastre, pero que no “chille” cuando lo pisen. Esto es lo que nos dejó como parte de su legado, el revolucionario mexicano Emiliano Zapata, entendámoslo y obremos en consecuencia, no más servilismo, somos iguales ante Dios y por supuesto ante las leyes podridas y corruptas de los hombres, seamos serviciales pero nunca jamás, serviles.

  Ya para terminar, abramos los ojos, hechos como este nos dicen que no creamos lo que nos dicen los más grandes manipuladores, los políticos de que en Colombia ha nacido la paz porque dos firmas se han estampado en un papel, perdonando las culpas a  quienes como la guerrilla han cometido delitos atroces, delitos de lesa humanidad y han sembrado este país de minas antipersonas, de muchos muertos, de infinidad de deplazados y de mucho odio, la paz no es una cuestión de dos, es un asunto de cuarenta y siete millones personas, es cuestión de resolver la impunidad y la corrupción, de resolver la injusticia social enquistada en las instituciones del estado y en la parte pudiente de su sociedad, es una cuestión de justicia donde el que la haga, la pague así se apellide. Uribe, Noguera, López, Rojas, Moreno, Ospina, Sarmiento, Michelsen, Nule, Santodomingo, Lule y etc., etc., sin justicia, ya lo sabemos y quien no lo  sepa, que lo entienda, no habrá paz. Una barriga con hambre no puede creer en Dios, ni en  justicia, ni en sistema, ni en gobiernos corruptos, la paz nace en el corazón de los hombres de bien, de los buenos, no nace de los intereses, no nace, ni se hace con la injusticia social como bandera, no nace en el corazón de quienes aparentan serlo y repiten que lo son, porque: Dime de que presumes y te diré de que careces, dime como obras y te diré quién eres. Paz en la tumba de Yuliana Zamboní y dolor y justicia para quien le quitó la vida y para quienes lo han solapado a través de su vida de pervertido.

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