El tema dehoy es: Consecuencias de un mal gobierno

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Un mal gobierno trae consecuencias desastrosas para el pueblo en el que se da y de él se derivan todos los males que ese pueblo, esa sociedad tienen que sufrir, por tanto todos los males que con todas sus consecuencias se desencadenan, son su responsabilidad y ese gobierno pasa a ser responsable de todos los actos cometidos por fuera de la ley de esa sociedad y falta que todos como pueblo lo entendamos así para que seamos más consecuentes con quienes cometen delitos que bien mirados se puedan considerar consecuencia de la falta de oportunidades para sobrevivir con dignidad y con esto no estoy diciendo que por vivir en una sociedad desigual y pauperizada, todos debamos convertirnos en delincuentes, no, no podría hacerlo y no lo justifico pero si lo comprendo.

   Ahora bien, cuando vemos en la calle a mujeres vendiendo su cuerpo como una forma de ganarse la vida, de sobrevivir, estamos viendo una consecuencia mala de un mal gobierno que  no genera empleo, que con su corrupción ayudando al poder económico a que sea más rico, no crea puestos de trabajo y si los crea son de mala calidad porque no remuneran adecuadamente, no da seguridad y más parecen trabajos de esclavos y no me vale que se defiendan diciendo que son “putas” por gusto y placer porque no creo que una mujer se convierta en eso que es denigrante y hasta peligroso por simple gusto y placer, mejor entendamos que detrás  de ello hay un drama y por desgracia tenemos que hablar de economía, de dinero de supervivencia.

   Cuando vemos las calles de nuestras ciudades convertidas en un campo de batalla por culpa de la delincuencia descontrolada, estamos viendo un caso de supervivencia que crece hasta convertirse en casos de delincuencia organizada, muchas veces alcahueteada o acolitada por el poder político y esto se da a causa de los malos gobiernos que saben pescar en río revuelto, que no hacen leyes que propicien la inclusión social y la justa redistribución de la riqueza.

   Cuando vemos crecer en algunos miembros de la sociedad, el desenfreno por el dinero rápido, —el mal llamado dinero fácil que de fácil no tiene nada, fácil el que se les entrega a los políticos para que lo administren y que finalmente se roban— estamos viendo un reflejo de lo que es un mal gobierno, de lo que es la política, fuente de dinero rápido y de dinero fácil porque para ellos —los políticos— si es fácil acceder a él de cualquier manera pues tiene poder y maldad para conseguirlo, minimizando los riesgos de tener que enfrentarse a un caso criminal, si esto no es dinero fácil, díganme ustedes que me leen ¿qué puede serlo?.

Cuando el dinero que constituye la riqueza y el crecimiento económico de un país es repartido entre cuatro antisociales y de redistribución nada o muy poco llega al pueblo que con su trabajo genera esa riqueza y ese crecimiento económico, ampliando la franja de pobreza ya existente en lugar de disminuirla, estamos ante un hecho que se puede calificar como un acto corrupto y antisocial de un mal gobierno y es bueno que lo entendamos, de otra manera veo el porvenir muy oscuro e incierto pues la mala redistribución de la riqueza, trae injusticia social e  inseguridad y no olivemos que “Una barriga con hambre no puede creer en Dios, ni en leyes, ni en gobiernos corruptos”.

   Otra ventana que se abre cuando hablamos de un mal gobierno es la de los habitantes de la calle a los que alegremente, sin pudor y sin consideración llamamos indigentes, sin comprender que indigentes somos todos los que no nos encontramos en esa situación por permitirlo, somos indigentes morales o de consciencia que es una indigencia más vergonzante y la ventana  a través de la cual debemos mirar a los habitantes de la calle es desde el lado de la responsabilidad que todos tenemos hacia ellos y desde luego los gobiernos son quienes más deberían ver, estudiar y en lo posible remediar las causas que llevan a una persona a convertirse en un habitante de la calle y no ser verdugos a la hora de juzgar sus actos, porque, no nos digamos mentiras, ni nos engañemos, detrás de cada uno de los habitantes de la calle o indigentes como más nos gusta nombrarlos, hay un drama social y humano que ignoramos más por conveniencia que por consciencia. Un habitante de la calle es un ser humano como tú o como yo, con algo que lo diferencia de nosotros y ese algo es destructivo y lo es porque es una consecuencia de un problema mal manejado, casi siempre por ignorancia e incapacidad para afrontarlo y cuando esas circunstancias se dan, esa persona que termina en la calle pierde su autoestima como persona y el apoyo de la familia, de los amigos y de la sociedad en su conjunto y por eso termina viviendo en la calle, el único lugar que valga la paradoja, le da cobijo. ¿Y cómo quedamos los listos, los perfectos, los que dentro de la sociedad nos llamamos normales? Pues no hay que darle muchas vueltas, quedamos convertidos en insolidarios e indigentes morales y de consciencia porque miramos la paja en el ojo ajeno antes de mirar el árbol que tenemos en el propio y nos olvidamos del tema porque… que más da, el problema no es nuestro —ignorando que es un problema de toda la sociedad aun que nos hagamos sordos y ciegos— es el problema de un “indigente” y seguimos con nuestra vida creyéndonos los dueños del mundo y seres privilegiados cuando lo que en realidad somos es malos hijos de Dios que nos creo como uno solo, como una raza divina y somos malos hijos de Dios porque violamos sistemáticamente la primera y más fundamental de sus leyes, la ley del amor y esa ley se refiere al amor por todo lo creado y ello cobija a nuestro hermano caído en desgracia, al animal que en un momento de ira maltratamos, a la naturaleza que destruimos un poco cada día en pos de nuestros intereses que no siempre son justos y que no siempre reflejan nuestro entendimiento y aceptación de la ley de Dios, la ley del amor

Ya para terminar, hagamos una reflexión y un acto de consciencia en estos días de de fiestas y recogimiento sin olvidar que por omisión, somos responsables de los actos de un mal gobierno y dejemos que aflore la generosidad a nuestros corazones y tratando de entender las circunstancias de estos hermanos nuestros —que lo son porque todos somos hijos de un mismo Dios—  hagámonos solidarios  con ellos, no los tratemos de indigentes, ni de delincuentes y aportemos algo que ayude a paliar sus miserias, así mismo, no dejemos de ver la responsabilidad de los gobiernos en estos hechos porque muchas de estas situaciones se dan por culpa de un mal gobierno que con su corrupción, su avaricia y su injusticia social, lleva a muchas personas a perderlo todo ante la precariedad laborar o ausencia de él, las altas cargas impositivas, el alto costo de la vida y la nula redistribución de la riqueza y no olvidemos siendo así las cosas, no podemos hablar de paz porque la paz nace en el buen hacer de un gobierno y en la justicia social. Felices fiestas para todos y un nuevo año con prosperidad y amor.

 

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