El tema de hoy es: Juego de palabras

   perdon  Es my común que escuchemos decir: Perdono, pero no olvido, esta expresión es un juego de palabras que se puede interpretar de dos formas. La primera puede ser: Perdono a quien me ha hecho daño, pero sigue siendo un hijo de mala madre y no tengo que tener con él ninguna clase de trato, lo que quiere decir realmente que no se ha perdonado, solo se  ha hecho un juego de palabras, repitiendo lo que todo el mundo quiere oír porque es lo que se entiende que está bien, aunque desde el fondo del corazón y de los sentimientos, se sigua sintiendo la misma rabia que llevó a odiar.

  Ahora bien, un juego de palabras por más que se usen bien, no es una prueba de perdón,  más bien es la confirmación que no existe ni siquiera la intención de llevarlo a cabo pero como las palabras pueden con todo, se lanzan al aire sabiendo que se las llevará el viento, olvidando o ignorando que las palabras tienen vida propia y pueden devolverse para atormentarnos o señalarnos.

  También digo que es  entendible y hasta parece razonable que cuando se nos afrenta, con mayor razón si es una afrenta injusta, –quiero decir gratuita– sintamos si no odio, al menos un resentimiento hacia la persona  que lo hace, pero tenemos que pensar y luego entender que esa afrenta recibida es parte de las circunstancias que hacen a la vida dinámica aunque en su dinamismo la vida misma nos afrente y que cuando evaluamos el hecho lo hacemos en calidad de víctimas sin tener en cuenta que otras veces, hemos sido nosotros los infractores, lo que nos convierte igualmente en victimarios ante lo cual, quedamos emparejados todos los seres humanos porque todos sin excepción, hemos sido afrentados y todos hemos perpetrado al  menos una en el mejor de los casos, lo que no nos libera de culpa y sería mejor buscar la reconciliación por entender que otro día podemos ser nosotros los que nos encontremos en esa situación y que bueno sería en ese caso recibir el perdón por nuestras ofensas.

    Continuando con mi disertación, tengo que decir que  no creo que después de haber tenido una diferencia profunda con alguien, por más que lo perdonemos, nos queden deseos de seguir teniendo el mismo trato de antes de que se sucedieran los hechos, algo para mi entendible como razonable, pero tenemos que estar seguros desde lo más hondo de nuestro ser que en esa decisión no nos mueve un resentimiento disfrazado de victimismo que al final de cuentas a quien hará más daño es a nosotros mismos porque podremos engañar a los demás con un juego de palabras muy convincente pero nunca jamás a la entidad espiritual que mora en nosotros.

    Total que, podemos tener reservas con quien nos ha ofendido porque como se dice popularmente, no somos de palo y tenemos sentimientos pero si de verdad lo hemos perdonado, bien podemos tener trato con él, pero haciéndole saber que las relaciones a partir de ese momento no serán las mismas y que   todo lo que encierre dependerá de su forma de comportarse y se lo tendrá que ganar porque al ser traicionada o agredida, la amistad incondicional no existe y por consiguiente el contador del tiempo empieza en cero pero ha de ser con mente abierta y la mejor disposición para ser justo.

  Acercándome al final de este artículo, tengo una última interpretación que dar al hecho del perdón, y es: Perdono porque no tiene caso albergar rencores que nos puedan afectar la vida pero el recuerdo de ese hecho, siempre estará presente en mi memoria puesto que en situaciones normales de salud, no es posible olvidar lo que se ha vivido y queda como un recordatorio  de que algo que pasó siempre estará pero sin afectarnos y sin cegarnos.

  Ya para terminar, decir que el ser humanos es verdaderamente grande en el perdón, por tanto, hemos de comportarnos con honradez en esto del perdón y apartados del juego de palabras y dirigiendo nuestras relaciones de forma que nos puedan ayudar, sin pretensiones ocultas, teniendo siempre presente lo que no tiene que ser y qué no estamos dispuestos  a permitir porque bajo ninguna circunstancia, debemos estar dispuestos a recibir menos de lo que damos ante el entendimiento de la premisa que dice que…tenemos que ser serviciales pero nunca jamás, serviles y esto que digo no choca con la ley de Dios ni con nuestras creencias, hace claridad sobre cómo deben ser las relaciones interpersonales y sobre lo que es, debe ser la ley de reciprocidad que no es otra cosa que equilibrio entre lo que damos y lo que recibimos.

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